Adriana Varela

adriana[Un día de 1986, quizá 1987, Beatriz Adriana Lichinchi dejó de ser ‘la señora de Varela’. Esa que acompañaba por el mundo a su marido, entonces integrante del equipo argentino de la Copa Davis. Esa que hizo todos los deberes de Susanita: se casó jovencísima y tuvo dos hijos. Esa que se recibió de fonoaudióloga y estudió lingüística y psicoanálisis. Pero, un día, Adriana tomó conciencia de que ya era rana de otro pozo. Entonces se separó, barajó y repartió las cartas de nuevo. Se quedó sola, con sus hijos muy chicos y “sin un mango”. Y de ese hondo fondo surgió el tango, pero “sin el bacán que te acamala”. El único vestigio evidente que quedó de aquella que fue, paradójica y hasta contradictoriamente, es su apellido de casada. “Cuando a una se le termina el proyecto de vida afectivo, ahí sucede el cambio. Fue duro vivir en casa de amigas después de haber conocido el VIP de Roland Garros y hasta compartido una cena con Carolina de Mónaco. Pero, en mi caso, fue un camino de mucho aprendizaje. Justamente porque me había despojado de lo material, me había quedado con mis hijos y había elegido lo esencial, lo que deseaba. Ojo que a mí me gustaba esa vida, cumplí un mandato y, fundamentalmente, estuve muy cómoda en ese lugar por mucho tiempo. Pero cuando terminó, la comodidad pasó a ser incomodidad. Y ahí decidí empezar otra vida”.

Asegura que a Cristina Fernández Kirchner se la ataca por ser mujer] apertura.com/

freakjuancho

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