Déjame llorar, sólo déjame llorar.

No había palabras en alguna parte, ni poeta, declamador o sabio que pudiera poner un bálsamo de consuelo sobre sus heridas“.

LA CONSULTA DE KURILONKO

o-seb-900 © Seb Janiak. Imagen cortesía de Fred Torres Gallery

Por:  KURILONKO.

Déjame llorar, sólo déjame llorar-le dijo- en un intento débil e inútil, agotadas las fuerzas y  voluntad por superar a manotazos los embates torrentosos del río que le crecía y embargaba y asfixiaba a ratos. La contempló, pequeña, sufriente como ella sola y como infinitamente sola sabía que se sentía. ¡ Qué no habría dado por hacerse con parte de ese dolor, tomar algo sobre sus hombros, aliviarla con la desmesurada carga que había acabado por derrumbarla! Sólo podía ser su testigo, sin embargo. Inútil pretensión: por mucho amor que se tenga, es imposible ocupar el lugar del otro y eso, no tiene vuelta ni admite interpretaciones. No había palabras en alguna parte, ni poeta, declamador o sabio que pudiera poner un bálsamo de consuelo sobre sus heridas, antiguas y nuevas. De nada sirven los abrazos ni besos ni…

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