Teclado bloqueado

“Tengo miedo a que en la primera entrevista que me hagan en televisión empiece a balbucear, y el mundo entero descubra que en realidad soy idiota.”

Las crónicas del Otro Mundo

Pocos son los afortunados que aún no han concluido sus vacaciones de verano. Ellos son los que disfrutan ahora de los días de sol, al menos en esta península cuya última movilización de la Pangea decidió colocar en el hemisferio norte.

Y otros retornaron a la imposibilidad de revivir ese reciente solaz. Volvieron los días de convulsión, de estrés, de ese fenómeno llamado síndrome postvacacional que siempre había existido, pero ningún profesional había bautizado hasta pocos años atrás. Es tristeza que, en continuo movimiento, decide mutar en depresión. Es apatía que decide travestirse en desidia. Días aún soleados pero grises, nublados para la percepción de un cerebro apesadumbrado, un cerebro en el que, en algunos casos, se puede presumir una dicotomía abrumada por el desconsuelo. Porque el cerebro puede estar funcionando para realizar las tareas de su empleo, pero sus neuronas pueden seguir de vacaciones sin haber obtenido permiso para…

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