Naturaleza vaga

Qué decir que no esté dicho,
hacer… todo está inventado,
viajando del útero al nicho,
nos volvemos complicados.

El hombre fabrica las redes,
atrapa peces y otros seres,
mata el hambre y soledad,
mata y remata a la Piedad.

Nada le llena,
jamás colma su ambición,
siente pena,
es esta la eterna canción.

Para qué una lágrima,
para qué un sentimiento,
no pasará la página,
sin ayuda de Escarmiento.

Lo tiene la Naturaleza,
que es arma poderosa,
pero utiliza la pereza,
ante tanta poca cosa.

OMSesión

Fumar mata, hacer una paja deja ciego, follar transmite sida y otras enfermedades, el pescado tiene anisakis y plomo, la carne produce cáncer, la leche mocos y gases, las legumbres ni te cuento, los transgénicos son sospechosos, bebe con moderación, abusar de la tele y las tecnologías de deja lelo, dar teta no conviene (ya abusarás cuando seas mayor), el azúcar es el veneno blanco… Menos mal que las multinacionales velan por nuestra salud y sus salas de parto están llenas de danacoles, kaikuses, activias, omegastreses y cuentoschinolis que son fetén para el organismo (de la multinacional). Tú, gilipollas, deshazte de las tripas y compra una buena nevera, ¿no te enteraste de que ahí empieza la buena digestión? La OMS advierte de que vivir produce una tasa de mortalidad del 100%, aviso para todos los vividores.

COSAS de un bruto

Hoy recibí esta bonita invitación: “¿Quieres colaborar en mi blog? Nos complementamos. Tú eres un bruto ideologizado y yo pongo la poesía, la inteligencia, el glamour y el amarillismo”.

Al observar todo lo que el invitador contrapone a mi brutalidad acabé por sucumbir y acepté al tenerme por individuo en continuo pulimiento, mejora continua que ignora la ofensa cuando no tiene categoría (nunca la tuve por tal ;-). Quizás porque sin él saberlo me introdujo en un flash-back. Mi padre, que era más bruto que yo, estaba convencido no obstante de pertenecer a la realeza del guisante bajo veinte colchones, la de sangre azul, a la alcurnia, abolengo, prosapia y ringo rango a pesar de ser un pobre hombre, frustrado y fracasado, un viajante mareado por los caprichos y el desprecio de mis abuelos, sus propios padres, para quienes trabajaba defendiendo un negocio familiar. Cuando entré en la edad en la que el amor engaña a todas las brújulas obligándote a inventar el rumbo me enamoré de una mujer que no tenía “tanto” pedigrí como mi familia: era hija de la portera de un prestigioso colegio de mi ciudad, una dama que me enseñó valores que no aprendí de otras pulidas por mil títulos que a lo largo de la vida he ido encontrando, más que portera parecía todo el organigrama del ilustre centro.

Obviamente no le gustaba a mi viejo su “nuera” por su falta de relumbrón y para ofuscarme y herirme después de cientos de intentonas en la trinchera del acoso y derribo recurría mi viejo a la ironía: “Hacéis buena pareja, porque tu chica es lista e inteligente y en todas las parejas debe haber equilibrio”, a lo cual le respondía yo que me alegraba de que se hubiese dado cuenta y que por ese motivo la había elegido como compañera.

Así que pajuerano, lobo, lobito o quien cojones seas aquí vengo, a COSAS, con las mías.